Esta es la historia de cómo mi vida cambio, todo me iba bien, estaba creciendo con los problemas de cualquier persona de mi edad, el no saber que estudiar, que hacer después de la universidad, con quién iría a mi baile de graduación, peleas con mis padres por la típica rebeldía de adolescente….era feliz, aunque no lo sabía, pues no me preocupaba, lo daba por hecho, iba por la vida siguiendo el sendero que tenía delante…así, hasta que decidí dejar mi ciudad y buscar una aventura, cambiar de continente, aún cuando realmente nunca había pensado en hacerlo antes. Mis únicos viajes fuera de México habían sido a Texas, para lo típico de cualquier persona que vive al norte del país, ir de compras, así que de Texas, pasé a Inglaterra, sin saber realmente que esperar y con 20,000 pesos en mi cuenta bancaria, pensando que serían suficiente.
En ese entonces no sabía el amor que tendría después a hacer maletas al menos cada dos meses para poder sentirme viva. Viajar se convirtió en mi estilo de vida, en mi aire necesario para sobrevivir, en la única manera en que descubrí la madurez, entendí al conocer a tanta gente, lo dichosa que era de haber crecido en una familia unida y funcional, cuando tantas veces me quejé de la libertad que tenía el resto de mis amigos y la hora que me ponían mis padres de llegada a casa por la noche, descubrí la libertad responsable y huí del libertinaje….eso sí, me puse mis muy buenas fiestas.
Era la primera vez que cocinaba, lavaba, limpiaba para mí….no sabía bien como hacerlo, y sólo tenía 3 recetas en mi mente, fáciles…huevo…picadillo…arroz y salsas…y bueno para hacer una ensalada cualquiera mezcla un par de tipos de lechuga y tomate; sabía también que no tenía que mezclar en la lavadora la ropa de color con la blanca. Así salí de mi casa, tenía 23 años.
Allá conocí a quienes ahora son mis hermanos y hermanas, personas a las que sigo unida aún con la distancia y el tiempo. Pero lo más importante de todo, es que me conocí a mi misma, o empecé a hacerlo, pues. Allá vi los paisajes que más me han marcado, viví las experiencias más fuertes y más bonitas, allá entendí que no se le puede seguir el paso al tiempo….va demasiado rápido, mientras nosotros estamos ocupados aprendiendo lentamente. Allá tenía muy presentes mis recuerdos, pero como aprendizaje de vida, que explicaban porque me gustaba eso de trabajar para ONG’s…..años después, el mirar atrás se convirtió en mi manera de vivir…no supe cuán equivocada estaba cuando esa etapa llegó….no entendía como se podía ver hacia delante, después de todo lo que había detrás.
Cuánto he crecido….cuánto he aprendido….cuánto he sufrido…cuánto he reido….cuántas veces me caí….cuántas veces me levanté…..cuántas veces pensé que mi vida estaba ya completa, que lo que tenía en ese momento, era lo que tendría para el resto de mis días, que equivocada estaba…cuánto camino más por delante tenía y no lo vi…no lo quise ver.
Desde ese primer viaje trasatlántico a ahora, he aprendido muchas cosas, claro esta…han pasado casi diez años. Aprendí a hacer maletas con lo indispensable, a moverme como pez en el agua en el metro, trenes, aeropuertos, etc.; que la distancia no mata lazos fuertes, que por más bajo que caigamos, siempre encontraremos la forma de levantarnos y volver a ser quien eramos pero mejorados, aprendí que hay que emprender la retirada cuando no hay otra opción, y aprendí que quien está en mi vida, es porque así lo quiere. Aprendí quien soy, qué quiero y qué no. Ya no tengo que intentar “venderme” en una entrevista de trabajo, porque sé perfectamente quién soy y lo que puedo aportar, y la única cara que puedo mostrar es la única que tengo. Aprendí a llorar sin miedo a que me vieran los demás, aprendí lo fuerte que es una mirada sincera. Aprendí a decir “te quiero”, “te extraño”, “te necesito”, pues no hay forma de ocultarlo o negarlo si es así como se siente, no hay por que hacerlo….y es tan bueno decirlo como escucharlo.
Vivir sola no es fácil, menos cuando no tienes a un solo familiar en donde estés que te pueda echar la mano. Yo creo que es por eso que las amistades que hice allá son tan fuertes, porque formamos una familia ya que todos estábamos en la misma situación, celebramos navidad, cumpleaños, despedidas, reencuentros, bodas, de todo. Entiendes el valor del dinero, y lo difícil que es pagar las cuentas, vivir al nivel que estabas acostumbrado. Llegué a Londres sin tener allá familia, ahora sé que la tengo, y que siempre contarán conmigo.
Descubrí lo feliz que me hace tener visitas, tener la casa llena, ser guía de turistas, mostrarle a los visitantes un pedacito de mi vida, de mi entorno. Creo que de las cosas más importantes que descubrí fue mi gran amor a México, lo orgullosa que estoy de mis raíces y de mi cultura, lo mucho que me importa el que mi país salga adelante, sentí creo que por primera vez la piel chinita y el mariposeo en el estómago al escuchar Mariachi estando lejos.
Soy muy afortunada…y mira que he tenido situaciones feas, o accidentes importantes, pero estoy viva, siento, tengo memoria, tengo ambición, tengo salud, tengo familia, amigos de corazón, tengo sueños y el poder de hacerlos realidad.
Londres, las experiencias vividas, la gente que conocí, las crudas que sufrí, las lágrimas que derramé, las risas, los abrazos, los sentimientos, los paisajes, los viajes, las pláticas eternas en el salón de casa….todo eso marcó un antes y un después en mi vida, y no tengo más que agradecer ese hermoso y gris país por ser el que albergó todo esto.
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